EL DUENDECILLO SUBVERSIVO

Danilo Roca

No sé  si estoy perdiendo el ritmo en la percepción política, porque no obstante que las elecciones generales se desarrollarán el próximo año, y algunos precandidatos presidenciales, nos han apabullado casi desde el inicio del actual gobierno con una campaña permanente, no sé por qué, pero mi intuición me grita todos los días, que no todo lo que se ve, y se da por sentado, será el escenario electoral sobre el cual, habrá de decidirse.

Hay un duendecillo por allí rondándome y al parecer rondando en torno al señalado evento, que genera la impresión, que todo este aparato sobre el que descansan las aspiraciones de los prematuramente postulados, se encuentra asentado sobre una base arenosa y movediza que en cualquier momento se lo puede tragar.

Esa algarabía falsa y alquilada por el grupo político interesado en hacer la bulla dominguera, pareciera que con los otros, se disputan a la misma gente.

Gente sin propuesta personal mucho menos política, que piensa toda la semana, entre asistir a una u otra actividad, a la que llega indiferente, obligado o pagado, sin poner la mínima cuota de adhesión emocional al proyecto que lo alquila, obliga o lo amenaza si no participa del jolgorio.

Me imagino que hasta se conocen, o se han hecho  amigos en esas actividades. A cuál vas a ir? debe ser la pregunta semanal entre cuates: al de Sandra, Valdizón o Sinibaldi, cual si fuera otra manera de ocupar su tiempo de desempleado, usuario de la bolsa solidaria o cualquier otro obsequio que le alivie su ya inexistente presupuesto familiar.

Yo, tuve en una ocasión la propuesta de una persona que se hacía reconocer como dirigente urbano del actual partido oficial, que me ofrecía movilizar a su gente para apoyar a un adversario de su organización política, en ese momento mi cliente.

El oferente creía que él necesitaba cierto apoyo por la situación que atravesaba… y los cotizaba a cien quetzales por cabeza. – En serio! así decía… “por cabeza, más el almuerzo y el transporte”.

En ese mundillo de las adhesiones de fin de semana, la gente se garantiza unos centavos, el almuerzo y una foto con el candidato de turno, que por lo menos le garantiza, si quedara ese, poder llegar a gritar al partido, lo inconsecuentes que son, por no darle el trabajo que le ofrecieron. Claro, en su pírrica defensa, tiene una foto con cada candidato!

Una ruleta trucada que paga mal, si paga, y condena a la gente a tener un carné de cada organización y al eterno empleo, desde luego, sin sueldo, de ser Compañero de Partido…..y vuelta la historia a lo mismo, hasta la próxima elección !.

Pero todo ese operativo de la falsificación democrática parece minado por las nuevas tecnologías, la globalización y el acceso en tiempo real, es decir inmediato, no sólo a la información más actualizada, si no, lo verdaderamente importante, a la comunicación masiva mediante las redes sociales.

Y ese duendecillo al que me refería, parece habitar allí, en las teclas de computadoras y teléfonos inteligentes, que se ponen a disposición del auténtico sentir de la gente, que se comunica, critica, sanciona y cada día más, denuncia un sistema que ya no resiste el mínimo temblor.

Comisiones de Postulación, cargos otorgados, al margen de la decencia, el pudor al público, que en nuestro medio, todos los días cotiza hacia la baja.

La desconfianza y la denuncia cotidiana taladrando las bases de todo un andamiaje que se ha podrido por falta de higiene.

Y allí está el zumbidito, cada vez más audible, que se torna en un grito colectivo que uniendo todas las voces pareciera articular la palabra ¡Basta!

“Mal de muchos, consuelo de babosos” dice el refrán popular, espero en Dios que no sea en este caso y que quizá en la desesperación por la saturación de lo indecible y desde luego insoportable, se comience a buscar salidas al margen de esa estructura, oficializada en la corrupción y la mentira.

Y se pone interés en lo que opina la gente en su Facebook, en el Twitter, fenómeno que consuela a los titiriteros que confían en la ausencia de estos instrumentos liberadores en la Guatemala profunda.

Aquella, la de la eterna explotación, la ausente de la computadora, a los que se puede, en contra de su voluntad acarrear como ganado, antes en camiones, hoy en autobús. Antes con un sandwich con algo adentro y un cuquito, hoy con campero y un litro de Pepsi o Coca-Cola.

Pero allí está la radio, y también el peligroso y subversivo teléfono celular, el cable, y uno que otro canal también subversivo que trasmite sin patrocinio.

Allí está la gente, y la enorme capacidad de comunicar el rumor, el chisme, el chiste, la protesta disfrazada de humor, el rechazo dibujado en la eterna y sabia caricatura que se reproduce en las redes y que poco a poco, comienza hacer el efecto que será devastador, vomitará al sistema y salvará la sociedad.

Los revolucionarios basaron el éxito de su osadía en la reacción del campo, yo creo  hoy que la salvación estará en las ciudades, que irradiarán una conducta de rechazo estructurada en la comunicación más que en la organización.

Miles de gentes en total acuerdo sin haberse visto la cara, con el denominador aglutinante, en principio, del sentido común y en segundo lugar de la transparencia de la convocatoria.

Allí está la salvación que no necesita millones para engañar o comprar conciencias. Allí en el acuerdo vertebrado por el hartazgo y la necesidad de extirpar el cáncer que ha invadido todas las estructuras de nuestro derruido Estado.

De dónde vendrá la voz que aglutine a las voces? de dónde emergerá el Dirigente que sabrá estar a la altura de esa demanda popular? No sé todavía. Pero algo se está gestando, algo camina en silencio con el propósito de avanzar sin ser destruido, ese algo que sólo se explica cuando se escucha la voz del pueblo y se transforma en una voz valiente y arrebatadora.

Por allí tiene que estar, busquémosle porque allí está, y como Juan esperando a quién tenía que bautizar, las luchas del pueblo finalmente son bendecidas por Dios.

Sabemos que en Turquía, Afganistán, Siria, Ucrania, Rusia, Asia, África y no pocos países de América Latina, lo mantienen ocupado.

Pero veremos como finalmente escuchará nuestros ruegos y nos señalará el camino.

 

 

 

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